Sala de espera
Tana había dejado su relación de hermosa amistad como así la llamaba ella, porqué fue suplantada por la dentista a la que acudía Álvaro.
Tano empujó a Tana sin querer y ésta se hizo la estúpida. Tana pisó a Tano sin querer y éste se hizo el amable. En la primera hora de espera todo fue comunicación no verbal. . En la segunda hora que acompaña a la desesperación de quién espera; las miradas, empujones y pisotones se convertían en un pequeño Mecano de amistad. En un principio uno mira al otro como si fuera un cubo de Rubick pero al final la confianza de los que esperan te proporciona una amistad algo Blandi- Blup. Lo que es impar en un principio puede convertirse en par.
_Perdona.
_ No perdona tú, ha sido sin querer.
_Si quieres ir al baño te guardo el sitio.
_Pues sí, gracias.
_Te cojo tu número si quieres.
_Muy amable.
La chica que estaba en el mostrador repartía los números como si fuera una verdadera carga para su espíritu. Había roto hace unos días con un chico que trabajaba en una farmacia de la zona centro de la ciudad. Vendía colirios e intentaba ligar con todas las clientas que frecuentaban la tienda. Hasta que se enamoró de verdad de una chica que aguardaba su turno para pagar. Compraba gasas y elixires bucales con bastante asiduidad. Trabajaba para la dentista que le quitó el novio a Tana.
El compañero de la repartidora de tandas la miraba de reojo mientras tecleaba el ordenador. La amaba en silencio y admiraba esa manera suya de gritar; ‘el siguiente, el siguiente. Él la adoraba como todos los demás presentes de la sala. Los que esperaban porqué con una palabra de la chica se acababa la espera, era la azafata que aflojaba el cinturón de todos aquellos que escondían sus barrigas cargadas de paciencia hacia adentro, hacia ningún lugar. Cuando ella gritaba esas palabras en un eco tímido, el tecleador del ordenador se la imaginaba al final de una escalera provisional de un gran escenario de Brodway quitándose unos guantes de lino negro repitiendo las mismas palabras. Él suspiraba por ella, ella suspiraba por un farmacéutico, el farmacéutico por la protésica de la dentista que suplantó a Tana, la ex de Tano suspiraba por Álvaro. Y Tano suspiraba por Tana.
_Te he cogido el número.
_Oh, muchas gracias.
_ El tuyo es anterior al mío.
_El mío es un número par. Me gustan más los números impares
_ ¿Si quieres te lo cambio? Así entrarás antes y tendrás un número impar.
_ No, no te preocupes tengo a siete personas aún que van por delante de mí, tengo que esperar igualmente. Aunque no me disgustan los números pares. Si quieres nos lo jugamos a piedra, papel, tijera.
Lo que antes había sido desesperación porqué la enfermera dinamizara el proceso empezaba a ser tedio .El número de personas que los separaba disminuía, la cola se desvanecía, el reloj corría más rápido y así el tiempo que tenía para pisar a Tano se le acababa. Tana miraba el cartel de silencio con más atención que nunca.
_ ¿Parece que ahora va la cosa más rápido verdad? Dijo ella mientras olía su espalda.
_ Sí eso parece. Decía él mientras recibía otro pisotón.
Mientras el tecleador suspiraba por esas palabras y deseaba que volviera a pronunciarlas. Tana se imaginaba como se rompía la máquina de expedir números y los allí presentes bajarían la cabeza cuando un funcionario bien peinado les dijera: _ Lo siento tienen ustedes que volver mañana. ¿Dónde estaban los funcionarios adiestrados en leyes para repetir día tras día esas palabras que ahora le venían al dedillo?
Ella sonreiría por primera vez y se resignaría a hacer cola al día siguiente con la esperanza de coincidir con Tano.
_ ¿A que puerta vas?
_ A la tres. ¿Y tú?
_A la dos.
_Parece que los números pares te persiguen…
Tano se imaginaba con un mando a distancia que paraba a la enfermera de la sala de espera. Como se le marcaba de por vida en sus bambas el número impar 37 de la chica de detrás. No se cambiaría nunca de bambas. Iría por todos los ambulatorios pidiendo pisotones hasta que la encontrara de nuevo. La horma impar de su deseada vida par.
_Ah que bien, ¿Y si cambiamos de médico? Tú vas al mío y yo al tuyo así tendremos que volver a hacer cola de nuevo y podríamos charlar un poco más.
_Mi puerta es impar…
_Sí, me gusta la idea.
_Trato hecho.
Tana entró al médico de Tano y Tano entró a la de Tana.
La chica que daba los números le cambió el sitio a su compañero porqué estaba cansada de la misma representación. Mientras el repetía ‘’el siguiente’’sin parar, ella dejó de pensar por un momento en el chico de la farmacia. E imaginaba que coincidían haciendo cola en la campaña de vacunas contra el tétanos y de cómo ella olería su espalda.
Lo que ella no sabía es que nunca coincidirían en una cola. Si la sala de espera no le parecía suficiente coincidencia nada en este pequeño mundo de casualidades lo haría.
_ ¿Cómo te llamas?
_ Tana y ¿Tu?
_Me llamo Tano.
_ ¡Vaya casualidad ¡ ¿ No te parece?
_ Coincidencia, diría yo.
_ ¿A que te dedicas?
_Soy escritor. Empecé a escribir mientras hacía colas en la seguridad social y en el INEM. Pero hoy no he escrito nada.
_Yo soy diseñadora, diseño suelas de zapatos, pero hoy no he diseñado ninguna. Aunque me gusta pisar a la gente para hacer publicidad.