Estando recostados en la cama, Confirmación que ya era de por sí bastante cómoda le dijo a Eleuterio: _ ¡Cariño no puedo dormir porqué respiras demasiado fuerte, así no hay quién duerma siempre igual! Me recuesto en tu pecho y cojo una tortícolis de tres pares. Entre la hernia discal, hemorroides, las lombrices y estas poses me vas a matar en cuatro días. Haz el favor de ser un poquito más sutil ¡¡ Los hombres de hoy en día no sabéis como contentar a una mujer!

De repente, Eleuterio dejó de respirar para siempre. _ Vaya, ahora si que se puede dormir. ¡ ! ¿Ves? no es tan difícil complacer a una mujer.

Al día siguiente: _ Venga Ele levanta ya, que has de ir a trabajar a la fundición. Ele, Ele, Ele. Será posible ahora va y la palma, estos hombres no saben que hacer con tal de evadir responsabilidades... Ahora que íbamos a casarnos. En fin la vida sigue.

Unos años más tarde.

¡Mírala por ahí va tan tranquila después de matar a tres de sus novios, dos autobuseros, un policía, un banquero y trece médicos de la seguridad social!

¿Pero qué me dices? Si es un retaquillo repleto de ignorancia que no hace más que hablar.

_ Pues eso es lo que hace. Habla y habla hasta que mata a alguien.

_ ¿Hablando?

_ Se pone a hablar hasta que el que la escucha muere. Los que la conocemos lo sabemos y llevamos unos cascos que nos regalaron los de la “Comunidad de vecinos”. Pero siempre hay alguien ajeno que no sabe de qué va la película y se muestra abierto a sus palabras. Hasta que, ésta, lanza esas palabrejas y el otro muere envenenado por ellas.

_ ¿Me estás diciendo que esa mujer que no puede ni moverse es una asesina y va por ahí impune? ¡Pero eso es imposible Chelito, nadie se cree semejante memez!....

Confirmación va al banco con sus monedillas envueltas en unos calcetines de zurcido color verde oliva:

_ A los buenos días, vengo a cambiar estas monedillas por unos billetitos porqué tengo unos ahorrillos para pagarme la fachada del pisejo. Porqué sabe usted, uno de mis vecinos hizo un apaño con su bañera. El listo quería hacerse un yakutsi a base de unos agujerillos que hizo con pico y barrena. Hasta que el muy guarro destrozó el pilar principal del piso y nos ha roto la fachada. Menos mal que lo pillaron porqué tenía a su pobre hijo todo el día soplando con una cañita de esas del Cacaolat para que salieran las burbujitas. El pobre chico no iba a la escuela ni nada. No si lo que yo digo, Pa eso es mejor que esté preso.

Ala maja dame unos billetitos de esos azules que tengo que pagar los arreglos a los chicos del yeso. Que han venido los pobres desde Asturias a arreglarnos la broma. Son muy majetes pero le dan mucho a la priva. A uno de ellos le dio un soponcio porqué le di unos consejillos breves sobre el orujo y le dio el mono ese del que hablan en la tele y la endiñó, yo traté de ayudarlo. Por aquello que le pasó a mi sobrina Virtu con su marido... ya sabe el mundo está muy mal...bla bla bla... y hay quién va con mucha maldad.

Al otro lado de la ventanilla, la licenciada en empresariales cayó de espaldas propiciándose un guarrazo descomunal. Se habría salvado si no llevara aquellos ositos tan grandes en las orejas y en el cuello. De la mala posición la aguja de los pendientacos le perforó la vena aorta y no hubo nada que hacer.

_ (Estas chicas tan jóvenes y ya tomando drogas, incluso los banqueros. ¿A adónde iremos a parar?) _ pensaba Confirmación.

Así un día y otro, un mes y otro. La gente moría y moría. Nadie en la ciudad desconocía la fama de esta mujer tan tremenda. Los periódicos divulgaron la noticia. Las televisiones se ocuparon de alentar a la población explicando detalladamente la situación, nos dijeron “No hablar con nadie”.

Desde entonces y sin duda alguna, automáticamente, la gente dejó de pronunciar una sola sílaba. Una de las razones es, que emitían la noticia cada quince minutos por TV.

En los titulares decía:

“No hablen con extraños, hay una Maruja que va por ahí envenenando a los conciudadanos con su verborrea.”

Los médicos forenses diagnosticaban muerte producida por verborrea excesiva. Ni ébola ni tuberculosis ni nada de nada era tan letal como la bocaza de Confirmación. Se armó un revoleo de muy señor mío.

La gente no se dirigía la palabra, comenzaron a utilizarse nuevos métodos de comunicación que habían caído en el olvido; los conciudadanos se saludaban con golpes de cabeza. Para pedir en las tiendas lo que se necesitaba, señalaban con el dedo el artículo deseado, incluso la pareja deseada. Si a alguien le gustaba alguien, alzaba el brazo y señalaba con gestos” Tu conmigo”.

Las torres de control se comunicaban con los pilotos en código Morse, fax y telégrafo para mostrar las rutas. El idioma de los signos empezó a verse en todos los simposiums, conferencias de paz, discursos del papa, cumbres de estado, tertulias, conferencias de prensa, telediarios y asociaciones de vecinos. Los astronautas no podían hacer sus expediciones de vital importancia para nuestra existencia cotidiana. Se realizó un ensayo basado en un nuevo código de calcamonias fluorescentes introducidas en sus móviles pero tras probarlo con 12 grupos diferentes y haberlos abandonado a su suerte con sus pegatinas de neón y basándose en la observación exhaustiva de los ingenieros, vieron que no dio resultado. También los políticos dejaron sus carteras de piel colgadas en sus armarios, porqué ya nadie los escuchaba.

Se patentaron nuevas ideas para que las personas no tuvieran ya la necesidad de hablar. Regresaron al papiro y el lenguaje escrito retomó su lugar. De nuevo salieron a la calle con sus estandartes los contadores de historias. Basándose en dibujos y garabatos contaban tremendos acontecimientos, verídicos o no, daban a la ciudad un ambiente festivo y el que más y el que menos salía a la calle para conocer las controvertidas fantasías que contaban los buhoneros.

Cuando el número de bajas ascendió a mil. Las autoridades decidieron tomar cartas en el asunto. Y decidieron hacer un gabinete de crisis para hablar de la nueva situación y poner fin a esta emboscada verbal.

El alcalde se dirigió a su auditorio con estas palabras escritas sobre papel maché:

_ “No sé si ustedes están enterados de la catástrofe de nuestra ciudad, pero tenemos entre nosotros al mismísimo diablo. Los tiempos de la Inquisición de las brujas, de los herejes han vuelto. Conspirando delante de nuestros morros. Si la gente sigue desapareciendo de esta manera no tendremos autobuseros, ni banqueros, ni policías; incluso nos quedaremos sin los valiosos médicos de la seguridad social. Y lo que es peor: no tendremos votantes ni a nadie a quién podamos gobernar; sería el fin de la política.

Existe un demonio disfrazado de mujer de la compra que va por ahí, hablando a diestro y siniestro. Provocando destrucción y desolación por donde quiera que vaya. No conocemos su artimaña ni sus pretensiones de poder, hemos decidido que es no sólo necesario, sino imperante hablar con la susodicha y anularla. Por el momento hemos decidido insonorizar toda nuestra ciudad, habitáculos, bancos, tiendas, comercios. Aprovisionar a todos nuestros conciudadanos con un equipo de tapones de titanio para que no puedan ser intimidados ni atacados por esta criminal. Después la secuestraremos, torturaremos y obtendremos cuales son sus intenciones.

Comenzaron las obras de reestructuración en el mes de Noviembre, justo cuando llegaban las tormentas. A mitad de la campaña uno de los consejeros le dijo al alcalde:”Señor alcalde. ¿No sería mejor someter a esa señora a una operación de cuerdas vocales? ¡Zas! ¡Arrancárselas de cuajo! ¡Igual que hicimos con Rosa de operación Triunfar! ¿Me entiende Señor?”_ “Pues también es verdad. No se me había ocurrido antes”.

Las obras siguieron adelante hasta que por fin, concluyeron.

Mientras tanto allí estaba la Confir, con un catarro de tres pares.

Estornudos, tos, dolor de garganta. Se hizo unos ungüentos con miel y cataplasmas con barro del pueblo dispuesto en el tórax. Estaba triste y desolada porqué estaba perdiendo la voz. Se estaba quedando afónica. No podía hablar .Era el FIN.

“Te parece que, hernia discal, lombrices, tortícolis, hemorroides y ahora esto. Ni que yo le hiciera mal a nadie. Será posible ahora no puedo hablar, eso si que no lo aguanto. Mañana mismo voy al ambulatorio”.

Pasaron los meses y las bajas dejaron de subir. Todo estaba en calma. El alcalde y concejales estaban satisfechos de los resultados, para lucrarse de haber tomado tal decisión decidieron hacer una fiesta cobrando entrada (claro está), para celebrar que todo estaba en paz.

Sin voz Confirmación llegó a la asociación de sordo-mudos, cuyo letrero rezaba en la puerta” Hazte oír”. Y allí estaba. Sentada más tiesa que una vela con su libretilla del Condis para comunicarse con sus nuevos amigos. En un principio no le gustaba la idea de estarse sin hablar, pero poco a poco se fue acostumbrando. Hizo grandes amigos sobretodo con la Gertru, Sordomuda de nacimiento.

La Geltru se quedó muda cuando nació. Gracias a uno de esas comadronas de Albacete tan curtidas en fuerzas. Al parecer cuando ésta salió del útero materno, emitió un sonido imperceptible, no porque tuviera una anomalía sino porque se le había enrollado el cordón umbilical alrededor del cuello.

Sin ningún miramiento la comadrona, bestia inmunda, le propició una serie de palos para que (según ella era el procedimiento habitual para que llorara la criatura), tras dos guantazos de más de doscientos Newton en el cuerpo de la recién nacida y unos movimientos espasmódicos, la criatura quedó inconsciente .Mientras la recién parida gritaba a pleno pulmón a aquella marimacho sin sentimientos, ésta continuaba y continuaba abucheándola porque en realidad, era ella la que estaba además de sorda como una tapia, loca como un cencerro porqué había descubierto hacía unas horas a su marido en la cama con otra. Y además era una Holligan violenta. Gertru decidió no hablarse nunca más con nadie porqué recibió una mala impresión del género humano. En especial de las comadronas de Albacete.

Ella y la Confir hicieron buenas migas; la Gertru le hizo unos bordados de punto de cruz y la Confir le hizo unos pastelitos de pollo que quitaban el sentido.

Así un día y otro, un mes y otro hasta que por fin llegó la primavera. Sin ton ni son, en un abrir y cerrar Confirmación recuperó la voz.

_ ¡OH señor, milagro de la virgen de las Hontanillas! Puedo hablar, he recuperado mi vozarrón, estoy viva ya no he de callar. ¡Oh que felicidad!, ahora mismo llamo al hablar por hablar a contar todo lo que me ha pasado he estado en la oscuridad. ¡Oh señor, mañana mismo te pongo unos pañuelos de punto de cruz en el altar! ¡Qué maravilla, ahora comprendo porqué la Rosa de “Operación Triunfar”, estaba tan tristota!

A las buenas noches, mire usted. Que resulta que llevo unos meses sin hablar porqué me quedé afónica. Mientras estaba yo en penumbra. Porque eso es lo mismo que estar en la oscuridad. Porque si tienes un dolor como yo tengo, una hernia discal que me hice un día mientras le daba un pescozón a un perro que me dio un bocao en el pie. No por nada sino porque yo le pisé sin querer. El muy guarro sacó esos dientacos, me cogió las espinillas estrujándome y llevándome en bolazas el muy ruin..... Porqué la gente es muy mala. ¿Sabe? y me he dicho a mi misma; voy a llamar aquí a la radio para desahogarme. Me he dado cuenta que han hecho unas obras en la ciudad porque hay elecciones. Otra vez el alcalduzo ese fanfarrón....es un ladronzuelo.

_ ¿Pero señora usted de qué quiere hablar? ¿Cuál es su problema?

_ ¿Usted es la Tárrega esa de las te...de la tele no?

_ Efectivamente señora. ¿Hable de lo que quiera pero vaya al grano?

_ Al grano al grano, granos te van a salir a ti cómo sigas pintándote así de esa manera, que pareces un muestrario del Carioca con los morrotes esos que pones de fiera envenenada de zinc. Yo hablo lo que me dé la gana ¿y qué sabréis vosotros los jóvenes que no hacéis más que apedrear gatos y pedir dinero a los padres?

En ese mismo momento aparecieron detrás de Confir dos hombres altísimos, unicejos, vestidos con Kimonos color verde y orejeras de los Pokemons. Le taparon la boca con un pañuelo untado en éter hasta que la dejaron inconsciente.

Al otro lado del auricular un equipo del Samur estaba atendiendo a la de las te…de la tele.

Arrastrándola la introdujeron sigilosamente por una callejuela que conducía a una furgoneta verde con un símbolo ininteligible a modo de garabato. La tapicería era verde militar, el suelo y techos verdes pistacho que hacían juego con el volante forrado de cuero verde marihuana. El habitáculo disponía de literas forradas en piel de falso leopardo verde. En el ambiente se percibía una mezcla de olor a moho, éter y cloroformo que se introducían en el inconsciente de la secuestrada.

Confirmación en sus sueños de éter, recordaba la casa dónde vivía de pequeña, recordaba a sus padres preparando leche de cabra a horas tempranas, las manos de su madre blancas como la nieve preparaban requesón para llevarlo al pueblo de al lado y venderlo junto con jarras de rica miel.

También recordaba los cardenales que cubrían toda su piel que le eran propiciados por las blancas manos de su madre cada vez que Confirmación abría la boca. Cómo ésta no podía hablar con toda libertad, aprendió a hablar bajo el agua para que su madre no pudiera escucharla. Se tiraba horas y horas hablando metida en los bebederos del ganado. Con el tiempo no quedó ganado. Se decía que las vacas estaban locas y que sufrían un Síndrome que podían contagiar a los humanos. Confirmación bajaba al pozo del patio, metía la cabeza y entonaba una algarabía durante horas y horas.

El olor a moho y cloroformo abrió la puerta de sus recuerdos de moza. Vio ante sí la figura de un hombre algo curvo, mirada vacua y grandes orejas.

Era ‘’ Orejas de pescao’’.Su amor Eleuterio tenía los codos vueltos debido a una malformación. Estando en el vientre se su madre, mientras ésta trabajaba la uva en época de vendimia. Un rayo le disparó, a modo de arcabuz, en el centro de su gran barriga. Hecha un mar de dolor, bajo truenos y relámpagos la mujer se dispuso a dar a luz a toda prisa. Eleuterio con la disposición de un rayo salió del útero materno disparado dando de bruces contra una cepa de grandes dimensiones. A pesar del aparatoso parto, lo único que parecía diferenciarlo de otros bebes era; sus enormes orejas, la cara de velocidad y ambos codos vueltos del revés. El médico le dijo que la cara de velocidad se le iría con el tiempo pero lo de las orejas y los codos no tenía remedio. Sin lugar a dudas a ‘’ Orejas de pescao’’ le fue bien está malformación.

La cara de velocidad le fue desapareciendo pero sus neuronas eran más rápidas que las de un sujeto normal. Tenía la ventaja de retener algunas palabras, oía a la velocidad de la luz con lo cual antes de que uno hablara ya sabía lo que ibas a decirle. Desde que conoció a Confirmación, nunca más se separó de ella. Su comunicación era perfecta, mientras su compañera hablaba y hablaba él se anticipaba a ella y le procuraba una vida feliz. Nunca la escuchaba, nunca hablaban, nunca discutían. Una décima de segundo bastaba para saber lo que ella quería comunicarle. Él sabía lo que ella iba a decirle con diez años de antelación. Era un futuro asegurado. Una vida planificada.

Aprendió a evadirse de ella comprando un tamagochi mudo; hacía que su extraña vida, fuera una existencia completa; alimentaba al tamagochi con complicados códigos matemáticos, lo amamantaba con ecuaciones y pasaba noches en vela si éste estaba enfermo.

Compaginaba todo ello con su trabajo en la fundición. Era el fundidor con más prestigio de su planta porqué era una ‘’máquina fundiendo’’. Al tener los codos vueltos y ser poco erguido, lograban introducirlo en los rincones más inhóspitos; en el interior de raíles, en alguna de esas alcayatas de trenes, en el interior de la hélice más minúscula, en el parabrisas más inaccesible, en la tuerca más olvidada de cualquier enjambre arquitectónico por enorme o pequeño que fuera. Allí estaba Ele, lo infundible se convirtió en fundible. No había nada que se resistiera. Todos los metales lo temían y los obreros le temían porqué cuando éste se enfadaba decía:

‘’ Quita que te fundo’’.

De esta manera se ganó el pánico de todos y el amor de otros.

El vehículo salió a toda velocidad dejando tras de sí un cartel de madera que decía ‘’ Hazte oír’’.No pararon en ningún semáforo ni hicieron demostración o alarde de su conocimiento del código de circulación. Pero la pasajera ignoraba todo esto. Tenía cara de no haber roto nunca ningún plato, una expresión angelical le devolvía lustre a su rostro, su cabello tomaba vitalidad a medida que avanzaba el tiempo, cada vez que la mirabas estaba aún más joven y una ternura de otro mundo despertaba el interés de las personas por conocerla.

Los verdes frenaron contra un árbol y bajaron rápidamente.

Temerosos de ser vistos en la oscuridad, se pusieron en la cabeza unos pasamontañas roídos color verde limón. Bajo un sauce llorón excavaron en la tierra, extrayendo una balsa construida de mimbre y madera que tenía dibujado el mismo virriago de la furgoneta.

Acto seguido cogieron a Confirmación y la tiraron en plancha sobre aquel barco sin motor. Prosiguieron su marcha, no sin antes haber camuflado la furgoneta con abundante papel celofán transparente.

Tardaron varios días en retomar tierra. Por fortuna para la secuestrada ni el tiempo, ni el hambre, ni los chichones que brotaban en su cabeza ni la curiosidad de tremenda aventura consiguieron despertarla.

Al llegar a tierra, cerca de la orilla se visionaba un ángar construido de amasijos de hierro y tuberías de cobre. En el interior había una piscina abandonada llena de nenúfares y bestias acuáticas que emitían sonidos, gritos y silbidos.

Era un lugar oscuro, ausente de brillo, abandonado y carente de luz. Un lugar lleno de alimañas y bicharracos. El olor a moho y éter era aún más acentuado.

En el fondo del ángar había un ejército de Kimonos verdes, todos unicejos. Curiosamente todos se parecían entre sí. Si mirabas con detenimiento podías contemplar como eran de iguales. Se parecían tremendamente a Raúl Sénder. No es que se parecieran es que era él multiplicado por cincuenta mil. Era un ejército de Raúles. Estaban dispuestos en Comité de Bienvenida delante de los recién llegados, todos provistos de orejeras de los Pokemons, salvo uno que parecía ser el cabecilla que llevaba unas orejeras de la ‘’ Pantera Rosa’’ y se distinguía de los demás porqué no tenía cara de Raúl, sino de Alcalde.

Era el alcalde de la Villa, el mismo que había robado durante años a todos los conciudadanos, había instaurado los cajeros automáticos y había propagado la tele basura. El mismo que había puesto precio a la lengua de Confirmación.

Zarandeaban a Confirmación de un lado para otro para que despertara, pero no despertó. La tiraron a la piscina, pero no despertó. Le tiraron un kilo de nueces sin pelar en la cabeza, pero no despertó. Hasta que finalmente, un tábano del lugar se posó en las carnes de Confirmación y le propició un picotazo que le devolvió a la conciencia.

En el lado izquierdo había un ventanal dónde se veía un colectivo de personas con pinta de abandono; feos, sin dientes, malolientes, chepudos y deformes que parecían celebrar con júbilo la llegada de alguien.

_ ¿Quienes son ustedes, dónde estoy, qué esta pasando?

Uno de los Raúles la cogió por un brazo y la arrastró hasta aquella mugrosa habitación. Sin parpadear, sin mostrar ningún atisbo de sentimientos, la arrojaron como si de un saco de estiércol se tratara.

Las personas que allí había, empezaron a reír y saltar sin ningún control. Estaban de celebración.

Confirmación se desmayó de tanta incomprensión y continuó soñando con su pasado.

Esta vez recordaba a su padre dentro de aquella cueva. De lo extravagante de su personalidad, de cómo decidió abandonarlas a su suerte a ella y a su madre.

El padre no podía ni verla, cada vez que hablaba o entonaba su verborrea parlanchina a su progenitor se le ponían los nervios de punta. Tanto era el estado que con tal de no escucharla le dio por comerse los pocos muebles que había en la casa; sillas, mesas, cómodas, baúles. Deambulaba por la casa, histérico, en busca de madera para roer. Primero empezó por cosas pequeñas; palillos, marcos de cuadros, leña… hasta que acabó con todo el inmobiliario.

Un día amaneció blanco, lleno de heridas por todo el cuerpo. Lo último que engulló fue el pomo de la ventana de la cámara. Lo encontraron postrado en la pared con la boca ocupada por un enorme pomo de roble. Su cuerpo estaba rodeado de polillas feroces. Había sido atacado por estas bestias madereras, quizá por envidia, quizá por venganza.

Gracias a la cantidad de madera que tenía en el interior de su cuerpo, su madre decidió tirarlo a la chimenea para que les proporcionara un invierno cálido a luz del fuego. Fuego que por extraño que parezca nunca dejó de arder.

Una manta de punto de cruz le cubría el cuerpo y un xilófono de fondo la hicieron despertar.

Con unos ojos como platos, Gertru miraba a su amiga, contenta de que volvieran a encontrarse aunque se tratase de una situación absurda y denigrante.

_Eres tu la Gertru ¿pero qué haces tú aquí, qué es todo esto, dónde estamos, quienes son los del Kimono, cómo has hecho este punto de cruz tan bonito?

Gertru le explicó a golpe de xilófono que habían sido todos raptados. Que algunos de los allí presente tenían alguna falta bien porqué eran feos, olían mal, bien porqué tenían sabañones, sarna o alguna peculiaridad que los diferenciaba de los demás o bien porqué no se parecían a Raúl Sénder.

Le explicó que el alcalde estaba loco de atar y que pretendía crear una sociedad homogénea e igualitaria que le permitiera hacerse con el poder. Que dirigía una organización clandestina llamada ‘’ Los verderones’’, entrenados para no pensar, obedecer y vestirse de Kimonos siempre y cuando así lo ordenara el alcalde. Les había lobotomizado las mentes con un programa especial que habían introducido en los cajeros automáticos y apariciones esporádicas en televisión de Raúl Sénder.

A ella la habían raptado la noche anterior porqué la descubrieron intentando aprovechar los retales de falso leopardo verde de una furgoneta abandonada.

Lo del punto de cruz se lo explicó a base de gestos porqué ya estaba cansada del sonido del Xilófono.

La habitación era bastante grande hecha con masilla y ladrillo de poca calidad. El techo era de cristal uniforme verde botella y daba la sensación de que se había instalado hace poco tiempo porqué estaba totalmente limpio y aún podía verse el blanco de la silicona que lo bordeaba de manera casi perfecta. Era una superficie cóncava dispuesta en forma de cúpula con la diferencia que la parte abombada daba hacia el interior. Contemplándola con detenimiento se veía un aparato enorme hecho de hierro similar a los satélites rusos. El artefacto estaba enfocado y dirigido al interior de la habitación.

Estaban rodeados de barrotes y candados. Parecía imposible salir de allí salvo por la gran ventana o bien por el techo el cual estaba a unos veinte metros de altura.

Confirmación se puso a entablar conversación con sus compañeros de celda.

Mientras ella hablaba a su lado había un hombre lleno de arañazos por todo el cuerpo que no dejaba de rascarse con movimientos compulsivos hasta el punto de sangrar a borbotones. La miraba fijamente sin dejar de rascarse y quejarse al mismo tiempo de tanto dolor. Pero al parecer, sufría alguna dolencia que impedía que dejara este ejercicio.

Era como un anuncio de Utabón pero más exagerado.

Apoyada en un trozo de hierro oxidado había una mujer sin dientes que no dejaba de reírse a carcajadas cada vez más frecuentes y molestas. Vestía unos harapos desteñidos y roídos por el tiempo. El color oscuro y triste de su vestimenta intensificaba el contraste con su risa nerviosa.

El hombre de las llagas se dobló sobre si mismo entre quejidos, sangre y uñas. Cayó al suelo lentamente contorneando su cuerpo de dolor y en ovillo de sangre se convirtió.

Las risas se convirtieron en sonrisas y las carcajadas se atenuaron aunque no del todo.

Pidieron ayuda para que alguno de los Raúles pudiera socorrer a aquel pobre hombre, un ambulancia, un poco de oxigeno, un boca a boca. Pero nadie acudió, nadie se acercó a aquella celda, no sonó ninguna sirena, nada .Sólo risillas de fondo.

Confirmación empezó a chillar a dirigirse a Gertru a intentar hallar una salida. No daba crédito a lo que acababa de vivir. ¿Qué lugar era aquel, quienes eran esas personas?

Se arrodilló ante aquel bulto y sin pensar en la sangre o contagio alguno le quitó las ropas, intentó reanimarlo y lo cubrió con la manta de punto de cruz.

Un ejercito de pulgas salieron del cuerpo de aquel hombre con ideas de inmigración, en fila de a uno se dirigieron hacía la pared del habitáculo y salieron por un agujero minúsculo.

Mientras el hombre se recuperaba, Confir sin mediar palabra le limó las uñas de gárgola que tenía aquel hombre y éste se quedó dormido.

La noche caía aplastante no había luna ni estrellas ni luciérnagas. Sólo ruidos de vacío, de oscuridad, noche de perros aullantes y pies dormidos.

A la mañana siguiente todos despertaron asustados por una especie de sonido a eructo volcánico.

Un señor entrado en años con pinta de haber salido del al andanlus vomitó una especie de hiel verde compacta seguido de un grito de desesperación. La primera arcada no fue especialmente sorprendente para lo que vino después. Se apretó el estómago y mirando hacia la meca, que entonces coincidía con el muro de piedra, justo encima del pequeño orificio hecho por las pulgas. Empezó a vomitar sin ningún control una sustancia putrefacta parecida al morteruelo pero con olor a azufre. Primero verde, después marrón y finalmente color chapapote. Los ladrillos de la pared caían desvanecidos, desintegrados. Dónde antes había ladrillo ahora había aire envuelto en gases no nobles sino más bien lacrimógenos.

Un ser envuelto en pelo empezó a tener hipo de la impresión que le daba aquel árabe vomitando. Estaba claro que en la habitación no había espejos, pues la impresión que daba el hombre peludo era aún mayor que un moro echando las papas a las siete de la mañana.

El caso es que todos salieron de la celda gracias a aquella extraña gastroenteritis que por cierto duró dos noches.

Risitas, Aruños, Peludo, Gertru y Confirmación salieron por patas y como suele decirse sin mirar hacía atrás. El