La madre de Piluca, Eluca, siempre había envidiado las melenas largas de sus compañeras de clase. Envidiaba el pelo largo de todas las cabezas, ya fuera animal, humana o vegetal.
Envidiaba el cogote de las cebollas, las zanahorías , los espantapajaros, las muñecas, los perros, lo leones y por supuesto la de sus primas Matilda, Clotilda y Ermenegilda. Esto no lo hacía porqué fuera una persona envidiosa, era simplemente porqué le gustaba el pelo largo y su madre siempre se lo cortaba como a un niño porque le daba menos trabajo para peinarla. Su obsesión aumentó con los años viendo aquellas viejas películas de los indios Cinemascope, pintados a color. En un principio se colocaba pantalones de pijamas en la cabeza y movía el cuello de un lado a otro fingiendo que ostentaba una gran melena. Con el tiempo salía en las noches de luna llena a cortar las crines de los caballos que tenía su tía Gilda y se los colocaba en la cabeza y juraba y perjuraba a voces histéricas, que esas crines eran suyas. Ya no le cortaron el pelo nunca más y aquello pasó a ser una fechoría de niños.
Cuando fue mayor y se quedó embarazada de Piluca notó un olor a laca que la envolvió la misma noche que fue concebida en la trastienda de un peluquero de prestigio.
Eluca notó desde el principio que no era un embarazo normal;desde los primeros días vomitaba cabello día sí día no, ingería mascarilla capilar por las noches y se llenaba la cabeza de orquillas, sin más explicación que la de una necesidad imperiosa de hacerlo. Así durante nueve meses…
Piluca nació con una cabellera permanentada y negra. Era muy guapa pero apenas se le podía encontrar la cara porqué su cabello la cubría por completo. Le crecía el pelo por momentos, por minutos, por segundo, por inhalación, por cada respiración. Con el tiempo se le ahuecó, sus pequeñas cervicales aguantaban el peso de aquella bóveda pesada que no paraba de crecer se le hundían los hombros de tanta pesadumbre.Su cabeza era una gran bola de cabello rizado negro, era como un chupachups de pelo afro, como un micrófono de cantautor.Utilizaban siete kilos de laca, diecinueve kilos de orquillas, nueve secadores, y treinta dos gramos de mascarilla desenredante por mechón. Once personas tenían que turnarse con otras once para peinarla durante el transcurso del día, pues por momentos el pelo le crecía sin descanso. Era muy importante poner todos los sentidos para procurar distribuir el peso en orden para que su cuello pudiera aguantar tanto peso. Por las noches mientrás dormía, nueve peluqueros le cortaban el pelo con unas tijeras inmantadas para evitar la electricidad electroestática. Ya habían sufrido alguna descarga de gran magnitud, las consecuencias podían ser terribles, toda precaución era poca, trabajaban sobre un tablado de madera para improvisar una toma de tierra.
A la mañana siguiente el pelo volvía a crecer como si nada y alcanzaba las dimensiones de antes ,se multiplicaba e incluso llegaba a triplicarse. Era muy frustrante para los peluqueros. El salario que se gastaron en peines, peinetas y gomina, nunca llegó a calcularse con certeza para ser escrito en un libro de contabilidad. Era algo que ponía los pelos de punta.
A piluca no le paraba de crecer el pelo ni un segundo, ni comiendo, ni durmiendo, ni siquiera un día nublado, ni siquiera metida a la fuerza en una cueva bajo tierra para ver si aquello tenía algo que ver con los rayos del sol. Su familía estaba agotada, lo habían probado todo…no sabían cúal era la solución al problema, así que exhaustos y con pelos por todas partes decidieron adaptarse a la peregrulla situación y asumirlo con total tranquilidad y ¿ porqué no, sacar partido de todo aquello?
Los calvos de los alrededores acudían a la casa de Piluca con cierto entusiasmo y algo de envidia. Hacían largas colas en el porche de la casa en busca de injertos improvisados de aquellos hermosos rizos. Se peleaban por los mechones de aquella niña que nada comprendía porqué envidiaba sus cabezas lívidas y brillantes. Los huerfános de flequillo al percatarse que aquello era una fuente inagotable de energía para poblar sus coronillas corrieron la voz inmediatamente. La casa de Piluca se convirtió en la romería más concurrida de calvos que hubiere existido jamás. Miles de calvos acudían en tropel para comprar cabelleras que ocultaran la vergüenza de sus cabezas.
Pero para Piluca, fuente de energía de alopecios inconformistas, este ejercicio altruísta no era fuente de entusiasmo a pesar de haberse convertido en la donante de cabellos más generosa de los alrededores. En el colegio nadie quería jugar con ella porqué era motivo de mofas y burla continuamente. Era víctima de todos los mótivos de risas, la llamaban “ La pelanas””Microfono” “Malos pelos” , le pegaban chicles en el pelo, le ocultaban tizas de colores, yoyos,borradores, bocadillos de mortadela y hasta pelotas de baloncesto para enmarañarle aún más su túpida cabellera. Siempre estaba sola, nadie quería jugar con ella en los columpios porqué su cabeza ocupaba todos los asientos, nadie jubaba con ella al futbol o al baloncesto porqué decían que su tupé se confundía con el balón y además eclipsada el sol.Decían que era imposible jugar con ella al escondite porqué la descubrían enseguida y el juego no tenía gracia. Así estaba ella, sola aburrida con un fuerte olor a mortadela.
-¡ Que te compres otro pelo!, le gritaban.
En clase de manualidades todo era diferente. El profesor de plástica Don Rupert era un hombre sensible, educado y amante del arte. No permitía que se burlaran de Piluca, pero no con el cástigo, si no con la enseñanza, “conocer es querer”. Convertía a la niña en el centro de atención pero esta vez para bien, el matorral de su cabeza se prestaba a toda creación artística. Sustituyeron la plastilina y el cartón piedra por mechones de pelo negro.Realizaban construcciones capilares. Era como un trozo de arcilla colectiva, todos participaban en las prácticas de escultura capilar. Por orden de Don Rupert, primero tuvieron que escarbar en sus cabellos y sacar varias docenas de chicles y regaliz para poder trabajar de una manera limpia y elegante.
A los alumnos no les parecía bien este ejercicio impuesto pero después tuvieron que establecer turnos por exhaustivo orden, porqué todos querían participar de aquel amasamiento. Lo que en un principio les parecía abrupto e incómodo se convirtió en la más maravillosa de las terapias. De una manera espectacular casi mágica, todo aquel que hundiera sus manos en aquella maraña de babylis experimentaba una sensación nueva, resfrecante y teletransportadora. El escultor ocasional gozaba de una felicidad envuelta en bucles de alegría vertiginosa. Conseguían esculturas magnificas, inmortalizaban los lugares a los que se teletransportaban mientras esculpían en el más absoluto éxtasis que se llevaban al fondo de sus corazones en un tirabuzón de saciedad absoluta. Así nació la rizoterapia. Este ejercicio de altruísmo involuntario sí que alcanzó la fuente de su entusiasmo. Era un geiser de felicidad porqué se prestaba a los demás, por primera vez su pelo era importante para alguién más..No solo para los compañeros de su colegio, si no para miles de personas sumidas en la desdicha, la enfermedad o cualquier corrupción que hubiera llegado a sus corazones por algún bajante oculto y enreversado. Sea como fuere, el hundimiento de unos brazos cansados por los dolores que padecían los hombres, ya fuera físico o de espíritu eran curados por las raíces de aquellos rizos misericordiosos.
-¡Milagro, milagro!
Un escultor llegó al porche de la Virgen del Babilis, no para curarse si no para enfermarse. Al ver a Piluca rodeada de tanta multitud. No pudo hacer otra cosa que esperar su turno. Cuando le tocó su ansiado tiempo para esculpir en aquella cabellera todo el arte que había amasado durante toda su existencia se quedó ahí, quieto, paralizado, contemplando a Piluca. Fue en ese momento donde enfermó para siempre de amor. A Piluca se le pusieron todos los pelos de punta, fue un acto involuntario que le salió de un pinzamiento punzante de sus cervicales. Los pelos se le pusieron tan de punta que atravesó el corazón a una bandada de pájaros que desgraciadamente habían decidido iniciar las migraciones pertinentes del cambio estacional, cayeron fulminados al instante.
Las gentes se agacharon a esconderse por miedo a ser atravesados por alguno de esos puñales lacados. Piluca era un puercoespín capilar al mismo tiempo que parecía realmente una virgen proyectando su gloria al cielo. Por suerte para todos, solo duró unos minutos, no se puede decir lo mismo de la lluvía de pájaros que se siguió durante algunos días…
El escultor tenía el corazón atravesado por una pasión incontenible, la besó hasta despeinarla. Los rizos le cayeron con aplomo, como la rabia de los cocos al caer, se desplomaron en peso muerto con tal violencia que provocó un sunamí de rulos enlacados. Los mechones apelmazados y alguna pelota de baloncesto con olor a regaliz arrastraron a todos los peregrinos a un pueblo vecino. La riada tenía tanta fuerza que no nadie pudo librarse de ella, bueno alguno se libró por los pelos. Se les vino encima una tormenta arisca que empujaba a todos, las aguas de cabello negro rompían en olas agresivas. Muchos improvisaron con tablas movimientos de surf californiano.
A Piluca se le cayó el pelo , ya no le creció nunca más, no más que a cualquier mujer enamorada. La maraña de rizos era ahora un río anónimo donde acudían los vendimiadores de pelo, fabricantes de crecepelo, artesanos de extensiones y los diseñadores franceses de peluquines al babilis.
Cuando Piluca se quedó embarazada tuvo el temor de transmitir su obsesión a su hijo. Las tijeras ¿ Nacería su hijo con tijeras en las manos y en los píes, sería un ser extraño? No lo sabía con certeza, solo sabía que se llamaría Eduardo….pero esa es otra historía que ya os contarán con pelos y señales.
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